¿Cómo sobrellevar una enfermedad con una sonrisa?

Isabella Suéscum Baquerizo, mi hermana menor, mi inspiración. Nacida en Guayaquil, Ecuador en 1994. Es una chica alegre, normal, amante del deporte, una tenista innata y más que nada una estudiante ejemplar. A pesar de su dulce cara, y sonrisa, su mirada triste delata un pasado lleno de conflictos. Aunque a simple vista no lo parezca, esa mirada inocente que busca ser una chica de 19 años normal oculta una experiencia que jamás quisiera volver a repetir.

Isabella nació dos semanas prematura, algo casi normal para muchos, pero en su caso, este adelanto hizo que cayera un pilar importantísimo en su desarrollo, el sistema inmunológico. Faltó que se crease un filtro para protegerla de las alergias.

Desde pequeña, Isabella tuvo problemas de todo tipo, la mayoría muy normales, como alergia a los colorantes y al chocolate. Muy normal, ¿no? Pues con los años lo que parecía un gran impedimento para una pequeña niña que solo comía dulces de vainilla, se convirtió en la peor pesadilla de cualquier persona adulta.

A los 9 años encontró en los frutos secos unos nuevos enemigos, limitando aun más su lista de alimentos. Conforme pasaron los años, cada vez que salía con papá a comer comida “basura”, la noche y la mañana siguiente se sentía mal, y faltaba al colegio. Muchos pensaron que lo hacía para quedarse en casa, porque era y sigue siendo una niña muy consentida. Poco después, en días esporádicos, especialmente cuando comía fuera de casa, comenzaron a aparecerle marcas en la piel, como si fueran rasguños. Al principio fueron pequeños, pero comenzaron a hacerse más grandes y cada vez más dolorosos. Llenos de sangre y de ardor, nadie daba con la respuesta de qué le sucedía. La llevaron al doctor y las pruebas del parche indicaron que a la lista de alimentos prohibidos tendría que agregar unos cuantos más.

La prueba del parche consiste en colocar en la piel unos pequeños parches con diferentes sustancias, y dependiendo de la reacción, se determina si uno es o no alérgico. Esta fue la prueba que comenzó a revelar un futuro un tanto complicado para Isabella. Esta vez se identificó que era alérgica al pollo y a los cítricos, acortando aún más su lista de comidas.

Las heridas continuaron, a pesar de recortar todo lo que supuestamente le hacia mal a su piel. Los médicos no encontraban explicación. Tras dos pruebas del parche más, los resultados no cambiaron, era alérgica a lo que ya se había determinada y a nada nuevo.

La doctora Virginia Miranda fue la primera en coger el caso de Isabella. “En un principio llegue a pensar que como niña pequeña se escondía dulces para comerlos cuando nadie la viese. Después la examinamos de arriba a abajo y cuando no pude detectar qué ocurría con ella, la transfería al doctor Enrique Úraga. Las lesiones en la piel de la niña era extremadamente profundas, como si hubiese cogido una navaja y se hubiese cortado, pero claro teniéndolas en la espalda, en el cuello y en las piernas, se descartó que se autoinfligiera los cortes”, comentó la doctora Miranda. “Según casos anteriores, supuse que la primera menstruación y el cambio hormonal ayudarían a curar, o al menos a tratar las alergias, pero desgraciadamente no ocurrió así”, explicó Miranda.

La adolescencia fue una etapa dura. Las faltas al colegio se convirtieron en algo frecuente. Las migrañas, los cortes, el estreñimiento crónico, el cansancio y los dolores en el cuerpo eran una situación del día a día. Le asignaron el caso al doctor Enrique Úraga. “Al igual que la doctora Miranda, llegué a pensar que Isabella se hería a ella misma para llamar la atención, le recomendé un psicólogo que determinó que en parte tenía razón, pero no de la manera que yo pensaba; su alergia era real y se agravaba cuando se alteraba”, comentó Úraga.

Finalmente llegó lo peor. Isabella perdió varias capas de epidermis de las piernas,  estaban llenas de sangre y parecían flageladas. El linfa, un líquido formado básicamente por glóbulos blancos, suplantó a la sangre. El dolor era impresionante, y nadie daba con el problema. Hasta que en sus propias palabras, el doctor Úraga “se volvió loco” y le hizo la prueba del parche una vez más, poniéndole cada componente que se le ocurría. Fue así como por fin dio con la respuesta: Isabella era alérgica al Cobalto, un metal presente en varios alimentos, que ella ingería normalmente. El estreñimiento era otro de los factores que complicaban aún más su situación, ya que causaba que su cuerpo almacenase durante más tiempo el cobalto de los alimentos, envenenándola por dentro.

No solo eso, los brackets que llevaba, los instrumentos del dentista e incluso los utensilios para comer empeoraban su situación. La alergia sistemática al cobalto es una alergia de contacto y/o alimenticia, la cual puede ser diagnosticada mediante una prueba de parche. Se encuentra en muchos objetos metálicos niquelados como monedas, joyas, herramientas, utensilios, aparatos electrónicos, etc. Además, está presente en ciertos alimentos básicos como mariscos, cacao (de ahí la alergia tan grande al chocolate), huevo, frutos secos, lentejas, pasas, peras, levadura… y la lista continúa. Se utiliza también como pigmento en tintes de pelo, maquillajes, colorantes textiles, plásticos, gomas de lápices y a veces se usa en tatuajes azules.

Una vez descubierta la alergia, se comenzó un proceso de desintoxicación que se ha convertido en un estilo de vida para esta joven. Isabella tiene una dieta estricta, todo en su vida es pesado, medido y equilibrado para no pasarse ni un gramo de lo diariamente necesario, y así evitar laceraciones parecidas a aquellas que sufrió hace casi 5 años.

“No es fácil hacerse cargo de una vida tan estructurada siendo tan joven, por eso me regresé a casa a estudiar, hasta que me acostumbrase a equilibrar mi enfermedad con una vida normal, ya que es difícil querer salir a comer con tus amigos y no ser capaz porque si como me lastimo”, comenta Isabella. Esta valiente joven comenzará una nueva etapa en mayo cuando empiece a estudiar Medicina en la Universidad Católica de Guayaquil, donde se especializará en alergología e investigación porque, como ella dice, quiere “ayudar a otros a no vivir nunca su experiencia”.

Imagen

Isabella Suéscum Baquerizo. Foto: Cedida por Isabella Suéscum

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